Hace tiempo no suelo decir lo que pienso, porque lo qu pudiese pensar no era apto para decir; y si de alguna manera era conveniente decir, salía sin pensar...
Hoy sentada en el piso, recordando viejas cosas, y otras que hasta ahora están ocurriendo, no puedo dejar de decir las cosas que pienso, sean o no convenientes... y así llamo de nuevo a mi desgracia, de sentir que lo diccho debe convertirse en acción y esas acción en movientos propios que debería embarcar... y todo vuelve a girar de nuevo, al pulso de mi corazón y a la velocidad de mi mente.. sólo espero que esta vez, mis manos y mis pies sena fuertes.